Las obsesiones son como los gatos, decía Javier Marías. Supongo que es porque se agazapan en algún rincón oscuro dentro de uno mismo, se hacen una bola y empiezan a ronronear. Comienzan como algo en apariencia inofensivo, y luego, de repente, cuando quieres tocarlas, cuando te das cuenta, pegan un zarpazo con garras afiladas. Las obsesiones son felinas, miran con ojos brillantes desde la negrura, calculan su jugada y aparecen de pronto. ZAS! Pero en el fondo llevaban tiempo ahí... Observando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario