viernes, 10 de septiembre de 2010

Gatos.

Las obsesiones son como los gatos, decía Javier Marías. Supongo que es porque se agazapan en algún rincón oscuro dentro de uno mismo, se hacen una bola y empiezan a ronronear. Comienzan como algo en apariencia inofensivo, y luego, de repente, cuando quieres tocarlas, cuando te das cuenta, pegan un zarpazo con garras afiladas. Las obsesiones son felinas, miran con ojos brillantes desde la negrura, calculan su jugada y aparecen de pronto. ZAS! Pero en el fondo llevaban tiempo ahí... Observando.


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