viernes, 10 de septiembre de 2010

Maalouf, acercando identidades.


Llegó a mis manos por casualidad y me llamó la atención....no voy a decir que por su título, tema o autor...quedaría mejor, seguro, pero fue por su tamaño. Un libro pequeño, delgadito, rojo, en medio de grandes ensayos sobre política o economía de nombres resonantes, algunos incendiarios incluso, como Chomsky, Amartya Sen, Krugman o Galeano. Las Venas es, más de 40 años después de haber sido escrito, uno de esos libros que siempre están bien posicionado y a la vista en cualquier librería. Y a propósito de esta obra, el ejemplar que tengo en casa y guardo con entusiasmo y cariño, es una mala fotocopia deslabazada y comprada en un puesto callejero de La Paz por menos de un euro, años atrás. Top manta de libros pirata de autores latinoamericanos, accesibles a todos los bolsillos, fantástica idea, aunque sea políticamente incorrecto reconocerlo, al menos, es mejor que un CD de Beyoncé.
Pero volviendo al librito rojo que me ocupa....las razones para comprarlo no fueron, como decía, de gran embergadura: el título no me decía mucho, es más, me pareció a priori algo sensacionalista, Identidades Asesinas, pero era pequeño y fácil de leer, capítulos que me ocupaban el tiempo justo entre viajes de metro a mi clase de árabe y un autor al que no conocía pero que era libanés (y yo que acababa de regresar de Líbano cargada de curiosidad por todo lo que tuviera que ver con aquel país)....Ay, ¡ignorante de mi! ¡Y este señor resulta que recién había ganado el premio Príncipe de Asturias de las Letras...!

Así, ese fue mi primer acercamiento a Amin Maalouf, del que, con toda esta palabrería , en realidad solo quería compartir unos párrafos que he redescubierto subrayados en el librito rojo. Párrafos respecto de la "identidad" y de lo que ella supone en el mal llamado choque entre civilizaciones entre Oriente y Occidente (entendiendo la identidad como pequeñas pertenencias que conforman un todo, con combinaciones  de ellas tan dispares, "genes del alma",  que convierten a todo ser humano en "singular y potencialmente insustituíble", como señala Maalouf). 

Y todo esto venía a cuento del vergonzoso y aberrante asunto publicado estos días en la prensa de todo el mundo sobre la amenaza de un pastor integrista en EEUU de hacer una quema masiva de Coranes.

"Cuando la modernidad lleva la marca del <<Otro>>, no es de extrañar que algunas personas enarbolen los símbolos del arcaísmo para afirmar su diferencia. (...)
En la Historia todo se explica con símbolos. La grandeza y la sumisión, la victoria y la derrota, la felicidad, la prosperidad, la miseria. Y, más que ninguna otra cosa, la identidad. Para que se acepte un cambio no basta con que este se ajuste al espíritu de la época. Es necesario también no herir en el plano simbólico, no darles a quienes se quiere hacer cambiar la impresión de que reniegan de sí mismos. (...)
Esta metamorfosis sin precedentes, que se despliega ante nuestros ojos mediante innumerables zumbidos, mediante innumerables fogonazos, y que sigue acelerándose, no deja de tener sus tropiezos. Es verdad que todos aceptamos muchas cosas que nos ofrece el mundo que nos rodea (...) ;pero todo el mundo tiende a rebelarse cuando siente que una amenaza pesa sobre un elemento importante de su identidad: su lengua, su religión, los diversos símbolos de su cultura o su independencia. Así, la época actual transcurre bajo el doble signo de la armonización y la disonancia. Nunca los seres humanos han tenido tantas cosas en común, tantos conocimientos comunes, tantas referencias comunes, tantas imágenes y palabras, nunca han compartido tantos instrumentos, pero ello mueve a unos y otros a afirmar con más fuerza su diferencia.
(...) se trata de dar a todos los seres humanos la posibilidad de vivir plenamente en el mundo de hoy, de sacar provecho plenamente de todos los avances técnicos sociales e intelectuales sin que pierdan por ello su memoria específica ni su dignidad.
(...) todos deberían poder incluir, en lo que piensan que es su identidad, un componente nuevo, llamado a cobrar cada vez más importancia en el próximo siglo, en el próximo milenio: el sentimiento de pertenecer también a la aventura humana. "

Todos.

Y quiero recuperar una vez más, aunque no sé si viene muy al caso pero sí vino a mi cabeza, la experiencia de Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y al que tuve oportunidad de escuchar en Madrid hace poco más de un mes, al preguntarle a un indígena de San Cristobal de las Casas que opinaba del "desarrollo": "En nuestra lengua, no existe la palabra Desarrollo, existe la palabra Equilibrio"

Con esas cuatro palabras me quedo yo: Identidad, Equilibrio y Aventura Humana.


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